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Sitges, excitante
De cara al mar, el nuestro es un pueblo que todavía conserva la fisonomia natural de hace siglos, que no es alieno al crecimiento y el progreso, y que en la actualidad es todo esencia y vitalidad. Desde que, hace tiempo, se iniciaron los movimientos artísticos modernos, Sitges es un centro de encuentro, donde se respira tertúlia, expresiones de todo tipo, entendimiento y tolerancia, y además, goza de proyección internacional cultivada desde el sector turístico.
Sitges, como dicen muchos, es un rincón de calma y un balcón con vistas al mar. Está rodeado por un macizo kárstico de montañas bajas, y su luz embriagadora, a cada reflejo puntea todas las esquinas de un pueblo vivo, que se mueve.
Sitges cuenta con precedentes históricos muy antiguos, avalados por descubrimientos arqueológicos a lo largo del territorio. Su privilegiada situación, junto al mar Mediterráneo, favoreció la presencia de poblados ya en tiempos muy remotos.
Las primeras referencias concretas a Sitges y sus tierras aparecen en pergaminos y documentos en archivos ya en el siglo X, cuando el condado de Barcelona se expandía hacia el sur. El año 990 ya se menciona un lugar llamado Sitges (silos), y es que por aquel entonces se descubrieron algunos silos (cavidades excavadas en el suelo para conservar productos agrícolas) entre las ruinas del antiguo poblado ibérico y romano, y este descubrimiento dio nombre, primero, al territorio y, más tarde, al castillo y al poblado que creció progresivamente a su alrededor. Durante la primera mitad del siglo XI ya aparecen mencionados los castillos de Sitges, Miralpeix y Campdàsens, y en el siglo XII el monasterio de Garraf. Cada castillo tenía su señor feudal, pero a lo largo de los siglos XIV y XV la Pia Almoina de la Sede de Barcelona consiguió ya fuera por compra o por herencia el dominio de los mencionados castillos y territorio que en la actualidad constituye el término municipal de Sitges.
Por aquel entonces Sitges ya era una población importante, gracias a su privilegiada situación, entre Barcelona y Tarragona, toda ella rodeada por murallas. Sus habitantes cultivaban la vid y se dedicaban al comercio por el Mediterráneo. De la isla griega de Monembasia importaron la variedad de uva llamada Malvasía, que tan famosa haría Sitges en los siglos siguientes.
Las guerras y las pestes afectaron gravemente a la población, pero a finales del siglo XVI se inició un aumento del cultivo de vid y, en especial, de Malvasía, hasta tal punto, que fue una de las primeras poblaciones con una agricultura de mercado. Sitges poseía una flota de barcos propia dedicada al comercio, actividad que ocupaba prácticamente a la mitad de la población. En esa misma época, la creciente fuerza del pueblo topó con los intereses del señor feudal, y se iniciaron los conflictos que poco a poco irían dando poder al pueblo, proceso que no llegó a su fin hasta la primera mitad del siglo XIX.
En el siglo XVIII Sitges vio como se le abrían las puertas al mercado americano, y dedicó la totalidad de las tierras cultivables a la vid, por este motivo se talaron los bosques y se construyeron márgenes, empezó la corriente migratoria hacia América, buena parte de los barcos y marineros se dedicaron a los viajes al nuevo continente. Resultado de estos acontecimientos, el pueblo aumentó considerablemente y se desarrolló el núcleo urbano. De aquellos miles de sitgetanos que fueron a América, alguno volvieron y, en llegar, se hicieron construir llamativas casas que contribuyeron a embellecer más aún las calles de la ciudad. La industrialización, fenómeno típico del siglo XIX, significó la instalación de algunas fábricas textiles, que no tuvieron continuidad, así como industrias de calzado, actividad que continuó hasta la década de los 70.
A finales del siglo XIX, Sitges ya poseía una gran riqueza cultural basada en las nuevas entidades sociales, sus teatros, bandas de música, corales, etc., y un bellísimo paisaje iluminado por el resplandor del cielo junto al mar, que cautivó tantos pintores de la escuela de la luz. Durante la última década del siglo XIX, el pintor y escritor catalán Santiago Rusiñol escogió Sitges como lugar idóneo para instalar su residencia, el Cau Ferrat, y para celebrar las conocidas Fiestas Modernistas. Todos estos factores contribuyeron a dar a conocer Sitges y permitiendo que su atractivo fuese conocido en todo el mundo. A partir de entonces, se disparó la construcción de residencias de verano, como en el sector de Terramar ya en los años 20, y el turismo en busca del sol, el agua de nuestras playas en un marco incomparable.
La progresiva mejora de las comunicaciones terrestres con la construcción de la carretera de Barcelona en 1879, la línea de ferrocarril en 1881 y la reciente autopista, impulsaron y impulsan el crecimiento de Sitges. Sin embargo, Sitges ha sabido mantener sus raíces históricas, sus costumbres y sus tradiciones.
Dado que Sitges es un pueblo abierto al paso de personas de todos los lugares, los sitgetanos son gente abierta al intercambio cultural con sus visitantes, son fieles a su tradición festiva y son lugareños a quienes la proximidad con el mar les procura todo tipo de inspiraciones.
El flujo de visitantes llega a ser elevado, según la temporada, convirtiéndose esta localidad en verdadera encrucijada de turistas de todas las nacionalidades, colectivos y tipos turísticos, en busca de las playas, y oferta cultural, en busca de rincones de tranquilidad, y de libertad.
Sitges ha pasado de tener poco más de 13.000 residentes en el año 1991 a los más de 22.000 habitantes en el año 2004, cifras que se quedan pequeñas si tenemos en cuenta que durante el período vacacional-estival se triplica esta cifra al contabilizar el número de personas que pasan sus vacaciones. En cualquier caso, es con las celebraciones y festividades locales cuando estas cifras tocan techo, por ejemplo si tenemos en cuenta que la estimación de visitantes para una fecha como la noche de Carnaval sube aproximadamente a 250.000.
Además, el creciente cambio en las preferencias para primera vivienda lleva a muchos a escoger localidades residenciales y costeras con cercanía a Barcelona, que como Sitges, dista tan sólo 20 minutos por la autopista o 45 minutos por la carretera de la costa.
El dinamismo y la capacidad para generar propuestas innovadoras y emprendedoras ha sido siempre un hecho diferencial de los sitgetanos y sitgetanas. Tal riqueza de espíritu se expresa hoy en día sobre un amplio tejido cívico y socio-cultural de entidades, asociaciones y colectivos. La red socio-cultural y deportiva es amplia y variada, una clara muestra de la vitalidad asociativa de Sitges. Un recorrido por las arterias de Sitges nos obliga a hacer nuestra primera parada en la Sociedad Recreativa el Retiro y en el Casino Prado, entidades centenarias y tradicionales motores culturales del pueblo. Mantienen un peculiar ambiente de tertulia y una intensa actividad cultural y social. Estas dos entidades son las promotoras de gran número de actividades festivas y culturales.
El calendario festivo es de una riqueza extraordinaria gracias a las propuestas de las entidades, el impulso del Ayuntamiento y la gran participación ciudadana. La Fiesta Mayor es la principal manifestación cultural —-así como sentimental—- de Sitges. Durante los días 23 y 24 de agosto se vive el clímax de la festividad de San Bartolomé, una auténtica explosión de alegría en las calles con momentos de gran emotividad y una inusual participación popular que han merecido el reconocimiento oficial con la distinción por parte del gobierno catalán como “Fiesta de Interés Nacional”, debido a la riqueza folklórica de los bailes populares. Otras fiestas destacadas y de mención obligatoria son el Rally Internacional de Coches de Época, Corpus, la Vendimia o Santa Tecla que atraen gran número de visitantes. Especial trascendencia y proyección exterior tiene el Carnaval. Centenares de miles de personas visitan Sitges durante estos días para ver en directo su rúa de máscaras y disfraces, para vivir las largas noches carnavalescas que han popularizado la frase “Todo es posible por Carnaval”.
La red cívica tiene otro punto de referencia en el asociacionismo deportivo. Sitges es una de las localidades catalanas con más entidades deportivas por metro cuadrado. Los clubes vinculados a los deportes náuticos y marítimos son, gracias a nuestra privilegiada ubicación geográfica, un elemento clave dentro de este ámbito. El Club de Natación Sitges es en la actualidad la entidad con mayor número de socios de toda la comarca del Garraf. El Club ofrece unas amplias instalaciones deportivas y una moderna piscina climatizada. Al sudoeste del término municipal hay un excelente campo de golf con unas bonitas panorámicas sobre el mar.
La última parada obligatoria viene marcada por el mundo cultural local. El ambiente artístico, bohemio y creativo se intuye en muchísimos rincones. Posiblemente por eso la oferta lúdica nocturna es insuperable o, como mínimo, una de las más frescas y atractivas del Mediterráneo. Sitges es, desde hace más de un siglo, destino de artistas que han sido cálidamente acogidos y que, muy a menudo, no han dudado en instalarse. El Grupo de Estudios Sitgetanos es, en este campo, una de las aportaciones más interesantes y enriquecedoras que, a nivel local, ha representado el trabajo conjunto de estudiosos, historiadores y escritores locales.
El xató es el plato gastronómico más nuestro. En una crónica periodística de jueves lardero publicada en el periódico local Eco de Sitges el 16 de febrero de 1896 aparece documentado por primera vez este plato. La crónica alude a un a comida que tres días antes había reunido un selecto grupo de comensales, entre ellos el insigne Santiago Rusiñol, Miquel Utrillo y Gaietà Buigas. A partir de ahí surgió la decisión del Ayuntamiento de declarar el día 13 de febrero el Día Internacional del Xató. El nombre “xató”, según algunas tesis, proviene de una expresión pronunciada años antes por Canudas, un miembro integrante del grupo de Rusiñol. Ensalada de escarola, bacalao, atún, anchoas, olivas arbequinas y negras son los ingredientes básicos del xató. La esencia de este plato es, sin embargo, su salsa hecha a base de ñoras escaldadas, almendras tostadas, ajo, aceite de oliva, sal, vinagre y guindilla. Una xatonada se completa con unas tortillas variadas o fricandó (estofado típico catalán) y, para postres, coca de chicharrones. Regado, eso sí, con un buen vino negro del Penedés.
A parte del xató, existen muchos otros platos típicos de la cocina sitgetana que convierten el pescado en un señal inequívoco de identidad. Arroz a la sitgetana, sipia estofada con patatas y alioli, bull de atún, fideuà o pimientos rellenos de bacalao, una selección que sin ser exhaustiva avala la riqueza y singularidad de la gastronomía sitgetana.
En el apartado de bebidas, la malvasía es la más representativa. Se trata de un vino licoroso, fino y oloroso, un excelente vino de postres. El nombre “malvasía” proviene del puerto del Peloponesio de Nonembasía. En Sitges el Hospital de Sant Joan Baptista continua elaborando y comercializando esta bebida siguiendo los métodos tradicionales y con fines benéficos. La producción anual es aproximadamente de unas 4.000 botellas, que viene a ser la cantidad que producen los viñedos propiedad del hospital, en las bodegas del cual madura y se produce la malvasia sitgetana.
Sitges vive volcada al mar, sus playas atraen miles de personas y su patrimonio cultural despierta gran admiración. Pero no se acaban aquí los valores de Sitges porque, aunque muy a menudo se olvida, dos tercios del término municipal de Sitges están incluidos en el Plan de Espacios de Interés Natural (Pla d’Espais d’Interès Natural) (PEIN). Sitges es pues uno de los espacios naturales más importantes de la costa catalana, gracias a la protección del Macizo del Garraf, una cordillera que durante muchos años ha significado una barrera natural entre Barcelona y la región. Son múltiples las actividades que se pueden practicar en estas montañas, un espacio tosco y de vegetación, fauna y geología muy característicos, donde destacan los imponentes acantilados que se erigen sobre el mar al noreste del término municipal. La erosión de la roca calcárea que cubre este macizo permite adentrarse en su subsuelo, e introducirse en sus grandes cavidades: cuevas y, sobretodo, simas de extraordinaria belleza. Un gran abanico de posibilidades.
PASEOS Y EXCURSIONES
Desde cortos paseos por zonas forestales a largas travesías. El Macizo del Garraf, colchado en sus entrañas por multitud de pistas forestales, caminos y sendas —-herencia de una larga presencia humana—- se ha convertido en el espacio perfecto para el excexcursionismo, especialmente durante las estaciones de primavera y otoño. La escasez de agua (sólo la encuentran los caminadores habituales), obliga al caminante a ir provisto de agua. A parte de varias rutas circulares por caminos y pequeños senderos, dos senderos de Gran Recorrido cruzan el macizo: el GR 5 —-que va de Sitges a Canet pasando por Montserrat, el Montseny y el Montnegre—-, y el GR 92 —-que, con muchas variantes, recorre de norte a sur toda la costa catalana, y entra en la región por Gavà y Castell d’Eramprunyà, y pasa por la Pleta, Garraf y la Trinitat antes de llegar a Sitges. Quien quiera subir montañas, tiene a su alcance la montaña de en Boronet (320 m.), donde se encuentra la Cruz de San Isidro (Creu de Sant Isidre), un espléndido mirador desde donde pueden disfrutar de una fantástica vista de Sitges. También Penya Riscla o el Castellot son interesantes talayas desde donde observar todo el territorio. Y aquellos que deseen llegar hasta la cima del Garraf, pueden realizar la ascensión a la Morella (594 m.), situado en término municipal de Begues.
BICICLETA DE MONTAÑA
La bicicleta de montaña (BTT) es, a lo mejor, el sistema más rápido para conocer el macizo recorriendo muchos kilómetros siguiendo las subidas y bajadas de sus pistas. Además de la pista principal de entrada al macizo, desde Sitges subiendo por la Fita y Jafra a Plana Novella; existen otras pistas como la de les Basses, bajando a Vallcarca por Mas Quadrell, la pista de Can Planes y Can Lluçà, la espectacular planicie fértil de Campdàsens. Todos los recorridos hasta ahora mencionados recorren entre 20 y 35 kilómetros, ida y vuelta a Sitges. Para aquelos más osados, existe la posibilidad de continuar hasta Olesa de Bonesvalls, hasta Begues o hasta Gavà —-excursiones que pueden llegar a superar los 50 kilómetros.
ESCALADA
Los amantes del desnivel y la verticalidad también encontraran en el Macizo del Garraf un auténtico paraíso. El corazón rocoso ofrece paredes en muchos puntos, permitiendo la práctica de la escalada deportiva y la escalada clásica. El Pic del Martell —-con vías que superan los 100 metros de desnivel—-, Penya Ginesta o el Pas de la Mala Dona, este último situado en un paraje sorprendente en las costas de Garraf, son áreas perfectamente equipadas, y reseñadas en guías de la sección de escalada del Centro Excursionista de Sitges (Centre Excursionista de Sitges). El Macizo del Garraf es uno de los principales puntos de escalada de la costa catalana, disfruta de rutas de gran belleza, accesibles, con la ventaja que se encuentran situadas a escasa distancia de la carretera o de un camino asfaltado. La creciente afición a la escalada ha motivado el Centro Excursionista de Sitges a impulsar la construcción de un rocódromo municipal en el nuevo edificio de Camp d’Aiguadolç.
ESPELEOLOGÍA
En el Macizo del Garraf hay catalogados gran número de cuevas y simas, un auténtico paraíso para los espeleólogos. El origen cárstico que determina el paisaje, con la ayuda de el agua que ha ido agujereando durante siglos las piedras del macizo, han creado un universo subterráneo considerado uno de los más destacables del país. En total, más de 260 cuevas y simas han sido catalogados en el Garraf, además de un río subterráneo, la Falconera. Todo listo para que los espeleólogos y los amantes de las profundidades enciendan sus frontales, se pongan sus cascos, y exploren el subsuelo.
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